La sección de Cultura del Vino del Ateneo de Almagro retomaba el pasado fin de semana sus propuestas en el nuevo curso organizando una completa visita a Bodegas Calar en la finca Montanchuelos (Granátula de Calatrava). Así, öle Janzzen, en su condición de coordinador de la sección, y José Antonio Castillo, como responsable de los viajes culturales de la organización almagreña, asumieron la tarea logística de la iniciativa, cubriéndose todas las plazas disponibles y, sin duda, cumpliendo los objetivos previstos.

En una soleada mañana otoñal de víspera electoral se encaminó la expedición enológica hacia la finca Montanchuelos, ubicada en el término municipal del Granátula de Calatrava, y en un terreno que en realidad son las primeras estribaciones de Sierra Morena. El grupo de ateneístas fue recibido a pie de bodega por César Ruiz, enólogo de la bodega que, antes de iniciar la visita a las instalaciones y con las viñas a unos metros de distancia, aportó todos los datos necesarios sobre la explotación y sus peculiaridades en la elaboración de sus buenos y especiales caldos.

De ese modo se pudo conocer de primera mano que  cultivan 20 hectáreas de Tempranillo con una altitud media de 650 metros sobre el nivel del mar, con una oscilación térmica muy acusada entre el día y la noche en cualquier estación, y unas lluvias anuales medias de 400 mm. Del mismo modo explicó que apuestan por cultivos tradicionales y cuidados naturales no agresivos, aquellos que a lo largo del tiempo han demostrado ser los más respetuosos con el entorno. En este sentido, limitan la carga de las cepas a un máximo de 2 kg. Y, por otra parte, que empiezan la vendimia cuando la cata de uvas sobre el terreno y los análisis de laboratorio determinan el punto óptimo de maduración.

Para completar los trabajos necesarios de la vendimia recogen los racimos a mano, en cestas de 10 kg para evitar la rotura del hollejo. Los viñedos rodean la bodega, de manera que las uvas intactas llegan inmediatamente a las dos mesas de selección para ser examinadas. Una vez despalilladas pasan varios días de maceración en frío antes de que tenga lugar la fermentación en tanques de acero inoxidable. Todo el proceso se realiza con las levaduras naturales de las propias uvas. Y, para acabar, los vinos envejecen en una sala subterránea con humedad y temperatura controladas. Para ello se utilizan barricas de roble mayoritariamente francés con una pequeña proporción de roble americano. Finalmente, antes del embotellado se realiza una ligera estabilización natural por frío, sin usar clarificantes.

Y así, tras la completa explicación y visita matinal a la bodega, el grupo de ateneístas desplazado a las instalaciones pudo catar y constatar el magnífico resultado del trabajo bien hecho en Bodegas Calar.

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